Las maestras son especialistas en niños y los niños son especialistas en juegos, lo que nos lleva a deducir que las maestras son especialistas en juego: primera herramienta.
Sabemos que si un nene o una nena no juegan están en serias dificultades. El juego es, por excelencia, el elemento que nos permite evaluar si un nene transita “normalmente” por los carriles esperados. Y entiéndase que cuando decimos normalmente, nos referimos a pautas evolutivas que mayoritariamente se observan en los alumnos de una edad determinada, sin que eso sea más que el resultado de una estadística que deberá contextualizarse según las circunstancias. Estas pautas sólo son una herramienta, inútiles en si misma, sin un experto que las interprete y las interprete como una orientación.
Los chicos que no juegan tienen, en general otro tipo de manifestaciones que pueden ayudarnos a corroborar nuestras hipótesis. Son nenes y nenas que por momentos parecen demasiados adaptados. No lloran frente a extraños o cuando concurren a un lugar desconocido. Rápidamente se asimilan el espacio como si siempre hubieran estado allí.
No registran la presencia o la ausencia de los otros aunque se trate de su mamá o su papá. No se angustian frente a situaciones que a otros pequeños de su edad podrían resultarles difíciles o intolerables. Se conectan con los objetos mecánicamente y sin que esto involucre un objetivo o un motivo que haga sospechar una intención determinada o predeterminada.
Curiosamente, los papás y las mamás de estos nenes afirman en la mayoría de los casos que sus hijos juegan, cuando en realidad realizan actividades estereotipadas que distan mucho de ser actividades lúdicas.
El juego, junto con él lenguaje y la relación con los objetos, pueden constituir valiosos elementos para comenzar a trazar algunas pistas que nos permitan certificar si nuestras hipótesis son correctas o incorrectas.
